WASHINGTON (AP) — La intervención militar del presidente Donald Trump en Venezuela pondrá a prueba su capacidad para mantener unida a una inquieta coalición republicana durante un desafiante año electoral que podría definirse por preocupaciones internas como la atención médica y la economía.
Aunque la mayoría de los republicanos se alinearon detrás del presidente tras la sorprendente misión para capturar al líder venezolano Nicolás Maduro y llevarlo a Nueva York para enfrentar cargos criminales, hubo señales de inquietud a lo interno del partido. En particular, los comentarios de Trump de que Estados Unidos “gobernará” a Venezuela han generado preocupaciones de que está abandonando la filosofía de “Estados Unidos Primero” que lo ha distinguido de los republicanos más tradicionales y ha impulsado su ascenso político.
“Este es el mismo manual de Washington del que estamos tan hartos y cansados, que no sirve al pueblo estadounidense, sino que en realidad sirve a las grandes corporaciones, los bancos y los ejecutivos petroleros”, comentó la representante Marjorie Taylor Greene de Georgia, una exaliada de Trump que renuncia el lunes, en una entrevista con “Meet the Press” de NBC el domingo.
El representante Brian Fitzpatrick de Pensilvania, un moderado que es uno de los republicanos más vulnerables en las elecciones de mitad de período de noviembre, manifestó en un comunicado que “el único país que Estados Unidos debería ‘gobernar’ es Estados Unidos”.
Esos comentarios reflejan las dinámicas sensibles entre Trump y sus compañeros republicanos al inicio de un año electoral en el que su partido corre el riesgo de perder el control del Congreso. Aunque el dominio del presidente sigue siendo indiscutible, el férreo control que ha mantenido sobre el partido ha enfrentado desafíos inusuales en los últimos meses. Bloques de republicanos se han unido para presionar a Trump a liberar los archivos de Jeffrey Epstein. Otros han sido vocales al alentar a Trump a tomar más en serio las preocupaciones sobre la inflación.
La visión agresiva de Trump sobre el dominio de EEUU
Pocos temas son tan centrales para la marca política de Trump como asegurar que Estados Unidos no se enrede en conflictos extranjeros a expensas de los objetivos domésticos. Durante un debate presidencial republicano en 2016, por ejemplo, describió la guerra en Irak como un “error descomunal”.
Pero el sábado, Trump dijo que “no le temo a poner botas sobre el terreno” en Venezuela si es necesario, y enmarcó sus acciones como una prioridad para la seguridad de los estadounidenses. Articuló una visión agresiva del dominio norteamericano en el hemisferio occidental y dijo a los periodistas que era importante “rodearnos de buenos vecinos”.
Sin embargo, al igual que la guerra de Irak, la confianza inicial de un presidente después de una acción militar dramática a veces puede enfrentar realidades más sobrias que drenan el apoyo político interno.
En Venezuela, las tropas estadounidenses podrían volver a estar en peligro mientras Trump advierte que podrían estar en marcha más operaciones militares. Un conflicto en curso podría empeorar la crisis de refugiados del hemisferio, algo que la Casa Blanca ha intentado mitigar con controles fronterizos más estrictos. Además, hay preguntas sobre cuánta cooperación recibirá Estados Unidos de los funcionarios que aún están en Venezuela o cuán fácilmente se podrían explotar las reservas de petróleo del país para cumplir con el objetivo de Trump de quedarse con la energía de Venezuela.
Los comentarios de Trump este fin de semana sobre revitalizar la industria petrolera venezolana están en línea con algunas de las primeras críticas que hizo sobre el manejo de la guerra de Irak. Durante un discurso en 2013 ante la Conferencia de Acción Política Conservadora, Trump dijo que Estados Unidos debería “tomar” el petróleo de Irak y “reembolsarse”.
La frustración con el manejo de la guerra de Irak contribuyó a importantes ganancias para los demócratas en las elecciones de 2006 y ayudó a crear las condiciones para que Barack Obama fuera elegido presidente dos años después. Dado el bagaje que rodea esas guerras, los aliados de Trump insisten en que las acciones de este fin de semana en Venezuela son diferentes.
“Venezuela no se parece en nada a Libia”, insistió el secretario de Estado Marco Rubio en “Meet the Press”. “No se parece en nada a Irak. No se parece en nada a Afganistán. No se parece en nada al Oriente Medio, salvo por los agentes iraníes que están allí tramando contra Estados Unidos, ¿de acuerdo?”
El presidente del Comité de Inteligencia del Senado, Tom Cotton, argumentó que la destitución de Manuel Noriega en Panamá en 1989 es una mejor comparación.
“Eso fue una operación exitosa”, dijo Cotton en “State of the Union” de CNN. “Creo que, a largo plazo, esta también lo será”.
Aún así, en medio de críticas sobre el rol dominante que Trump desea tener en Venezuela, Rubio sugirió un papel más limitado. Dijo que Washington no manejaría el gobierno diario del país sudamericano, aparte de hacer cumplir una “cuarentena petrolera” existente sobre Venezuela.
No hay mucha oposición organizada entre los republicanos
No parece estar surgiendo una oposición organizada y contundente a la política de Trump en Venezuela dentro del partido. Más bien, muchos legisladores parecen estar dándole al gobierno margen de maniobra o a lo sumo, algunas advertencias.
La senadora Susan Collins de Maine, quien enfrenta una campaña de reelección potencialmente desafiante este año, calificó a Maduro como un “narcoterrorista y traficante internacional de drogas” que debería ser juzgado, aunque dijo que “el Congreso debería haber sido informado sobre la operación antes y necesita estar involucrado a medida que esta situación evoluciona”.
Incluso el senador Rand Paul de Kentucky, quien a menudo critica las intervenciones militares, no se opuso específicamente a las acciones de Trump. Escribió en las redes sociales que “el tiempo dirá si el cambio de régimen en Venezuela tiene éxito sin un costo monetario o humano significativo”.
Muchos demócratas denunciaron las acciones de Trump en Venezuela y el Comité Nacional Demócrata rápidamente buscó recaudar dinero criticando “otra guerra inconstitucional de Trump”.
La representante Alexandria Ocasio Cortez, demócrata de Nueva York, rechazó el argumento de la administración de que está combatiendo el narcotráfico, diciendo en X que en realidad Trump solo desea “petróleo y cambio de régimen” y “distraer de Epstein y el aumento de los precios de la atención médica”. El exsecretario de Transporte Pete Buttigieg declaró que el ataque era parte “del mismo patrón viejo y cansado” donde un “presidente impopular, fallando en la economía y perdiendo su control sobre el poder en casa, decide lanzar una guerra para derrocar a otro gobierno en el extranjero”.